A ninguna parte
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«Entre tanto trabajo, los días corren bajo mis pies como el agua de la ducha que se lleva la tierra de mi piel. Pero los domingos el tiempo se desdobla como un acordeón y entonces puedo posar la mirada sobre lo que ya cambió. Así, miro la cocina y pienso que ya empieza a ser algo decente. Todo esto, poco a poco, comienza a parecerse a una casa. Quizás a la que supo ser, quizás a otra distinta. De eso aún no estoy seguro y tampoco me gusta pensarlo demasiado. Lo importante es que, en este lado que fui arreglando, la vida se siente un poco más verdadera, como si el tiempo y mi trabajo fueran devolviendo el alma perdida de las cosas.»